Ahí estaba, como
perpleja, con la mirada perdida.
Escuchaba la brisa
acariciando las hojas de las ramas.
En el silencio
del observador que contempla la vida,
en la avenida de
los pensamientos de los que más amas.
Preguntándome si
es posible saber cuánto daría.
Cuánto daría por
los sueños aún sin cumplir,
cuánto daría por
saber lo que en realidad valdría
estar dispuesto
a todo con tal de no verlos sufrir.
A lo que he
llegado hasta ahora, lo que he dejado atrás.
No vale la pena
mencionarlas, pues ya son parte del pasado.
Tú que me
conoces, ¿qué estar dispuesto a dar? ¿Dejarías algo más?
Solo quiero que
entiendas que se deben dejar cosas a un lado.
Y regreso del
silencio para adentrarme en la realidad,
llena de ruidos,
alegrías, sueños y disturbios.
Pero sigo escuchando
la brisa con bondad.
Sigo viendo las
hojas moviéndose en los suburbios.
03/09/2013
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