Recordaba yo aquellos días de primavera
en los que solía recorrer colinas y montañas,
en donde el Sol era mi amigo y siempre me adormeciera,
mientras en los días de lluvia el agua corría mis entrañas.
Poco a poco en el olvido fueron quedando esos recuerdos,
hasta que un día un joven se inquietó y me preguntó luego:
“¿Qué días de tu vida puedes contarme ahora que sigues cuerdo?”
Yo le respondí: “Todos, porque el placer no es un juego”.
Hoy entre mis líneas marcadas existe el ayer,
la memoria de lo que fue presente,
el recuerdo de lo que pude hacer
y las imágenes de lo que ya está ausente.
Placentero fue ser lo que hoy ya no es.
Grato es el creer en los que amas,
pues algunos me olvidaron y no los culpo ya ves.
Placer es saber cuando al fin Dios te llama.
12-13/03/2012
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